Aprender a priorizarse.¿Por qué nos cuesta tanto?
Vivimos respondiendo mensajes mientras comemos, postergando controles médicos, descansando recién cuando el cuerpo ya no da más. Muchas veces actuamos como si nuestro bienestar pudiera esperar. Como si cuidar de nosotros mismos fuera un premio al final del camino y no una necesidad para recorrerlo.
Vivimos en sociedades que, en general, favorecen y premian la producción continua.
Desde pequeños aprendemos que ser responsables significa cumplir horarios, estudiar para aprobar exámenes y alcanzar objetivos. Sin embargo, pocas veces nos enseñan que también es una responsabilidad aprender a cuidar nuestra salud.
Con frecuencia es el propio cuerpo quien termina enviándonos el mensaje. El estrés, la ansiedad, la depresión, el agotamiento o distintas enfermedades aparecen como señales de que algo necesitaba ser atendido mucho antes. Entonces comienza el recorrido por consultorios médicos y tratamientos, cuando el dolor ya está presente.
¿Y si pudiéramos ir unos pasos antes?
¿Y si, además de tratar la enfermedad, aprendiéramos a gestionar la salud?
Cuando hablo de salud, hablo del cuerpo, la mente, las emociones, los vínculos, la creatividad, el aprendizaje, el alma y el corazón. Hablo de una realidad compleja y dinámica, donde múltiples factores se entrelazan para favorecer —o deteriorar— nuestro bienestar.
En definitiva, estoy hablando de prevención y, más aún, de desarrollo humano.
Porque desarrollar nuestra humanidad también implica aprender a cuidarnos.
Desde esta mirada integral nace la propuesta del Autocuidado Consciente.
No surge como una moda ni como una técnica aislada. Surge del profundo valor que tiene la salud y del reconocimiento de la extraordinaria complejidad que somos como personas.
Y justamente porque somos complejos, necesitamos aprender a contemplarnos de manera integral.
Entonces aparecen nuevas preguntas.
¿Y si esta mirada pudiera incorporarse desde la escuela?
¿Y si también las familias contaran con herramientas para desarrollar una cultura del cuidada/o?
¿Y si los equipos de salud trabajaran cada vez más de manera interdisciplinaria, compartiendo recursos para promover bienestar y no solamente intervenir cuando aparece la enfermedad?
Quizá el autocuidado dejaría de verse como un lujo para convertirse en una forma cotidiana de vivir.
Una invitación a mirar tu propia historia
Pensá por un momento en tu propia vida.
¿Recordás alguna escena en la que te hayas sentido profundamente cuidada/o?
¿Quién estaba allí?
¿Cómo te hacía sentir?
¿Y hoy? ¿Podés ofrecerte algo de ese cuidado a vos misma/o?
Ningún bebé sobrevive solamente con alimento. También necesita nutrición afectiva, presencia, contacto y seguridad. Sabemos que las experiencias tempranas dejan profundas huellas en nuestra manera de relacionarnos con nosotros mismos y con los demás.
Sin cuidado, la mente y las emociones pueden desorganizarse.
Pero al llegar a la adultez no se trata de esperar que otros nos cuiden permanentemente. Se trata de desarrollar la capacidad de convertirnos, poco a poco, en nuestros propios cuidadores.
Y allí aparece uno de los mayores desafíos.
Durante mucho tiempo aprendimos a mirar hacia afuera.
Muchas tradiciones culturales, religiosas y sociales pusieron el acento en el sacrificio, en la entrega y en el cuidado de los demás. En el caso de muchas mujeres, el cuidado estaba destinado a los hijos, la casa y la familia. En muchos hombres, al trabajo y al sostén económico.
Sin embargo, pocas veces nos enseñaron que el amor hacia uno mismo también es una responsabilidad.
No hablo de egoísmo.
Hablo de reconocer que nadie puede sostener durante mucho tiempo aquello que primero no sostiene dentro de sí
A qué costo vivimos?
Hoy seguimos viviendo bajo sistemas que continúan premiando la productividad, el rendimiento y el éxito visible.
Corremos detrás de carreras, cargos, reconocimientos, vínculos o logros, y todo eso puede ser valioso.
La pregunta es:
#¿A qué costo?#
Por eso quisiera dejarte algunas preguntas para reflexionar.
Preguntas para comenzar a cuidarte
¿Qué hábitos cotidianos perjudican tu bienestar?
¿Qué prioridades sería importante revisar?
¿Qué valores sostienen esas prioridades?
¿Cómo tratás a tu cuerpo?
¿Qué alimento recibe tu mente y tu mundo interior?
¿Qué calidad tienen los vínculos que hoy elegís sostener?
¿Tus acciones representan la persona que querés llegar a ser?
Quizá, al responderlas, comience también a responderse la pregunta que dio origen a este artículo.
Y quisiera proponerte un ejercicio más.
Si fueras hoy el mejor cuidador de vos misma/o…
¿Qué notarías que está faltando?
¿Qué pequeño cambio podría beneficiar tu salud?
Todas las respuestas son válidas.
Porque el primer paso del autocuidado no es hacerlo perfecto.
Es comenzar a mirarnos con honestidad.
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¿Por qué nos cuesta tanto cuidarnos?
Si me animo a responder la pregunta que dio origen a este artículo, diría que muchas veces el autocuidado despierta culpa.
Durante años aprendimos que descansar era perder el tiempo.
Que disfrutar era un premio.
Que elegirnos era egoísmo.
Que cuanto más nos sacrificábamos por otros, mejores personas éramos.
Que si sufríamos, la recompensa llegaría algún día.
¿Y si pudiéramos revisar esas creencias?
¿Y si el bienestar también fuera una forma de responsabilidad?
¿Y si la recompensa pudiera vivirse cada día?
Volver a uno mismo no significa alejarnos de los demás.
Al contrario.
Cuando cultivamos una relación más amorosa con nosotros mismos solemos volvernos más libres, más presentes y también más disponibles para quienes amamos.
El cuidado personal y el cuidado hacia los demás no son opuestos.
Se fortalecen mutuamente.
Por eso el Autocuidado Consciente no busca aislarnos del mundo.
Busca fortalecer nuestras bases para habitarlo mejor.
La Psicología Transpersonal, las Neurociencias, el Mindfulness y otras disciplinas nos ofrecen hoy herramientas valiosas para comprender cómo cuidar nuestra salud de manera integral.
La respiración consciente, la meditación, la regulación emocional, el desarrollo de hábitos saludables y los espacios de reflexión son algunos de los recursos que pueden acompañarnos en ese camino.
Pero ninguna herramienta tiene sentido si primero no hacemos una elección.
No tengas miedo de cuidarte.
Cuidarte no es abandonar a los demás.
Es construir una base sólida desde la cual puedas vivir con mayor conciencia, libertad y bienestar.
Porque cuando una persona aprende a cuidarse, no solamente transforma su propia vida.
También mejora la manera en que se vincula, trabaja, educa, acompaña y ama.
Y eso, poco a poco, también transforma a la comunidad.
Una invitación:
Si este artículo resonó con vos, me alegrará saberlo.
Y si sentís que este puede ser un buen momento para comenzar un camino de cuidado personal más consciente, te invito a conocer el Plan de Autocuidado Consciente.
Es un espacio pensado para desarrollar herramientas concretas que favorezcan tu bienestar integral, respetando tu historia, tus tiempos y tus necesidades.
Porque cuando las personas se encuentran desde un mismo propósito, el bienestar también se multiplica.
Con cariño,
Paola Sozzi
Carpe Diem